martes, 4 de junio de 2013

“Juguetes perdidos y otras proyecciones”

*El ansía, lo quiere, lo impone…

¿Cómo entender de manera coherente aquello que deseas?
¿Cómo hacerlo sin perder la perspectiva? ¿La cordura?
Sos de esos que no se conforman con un “no”, lo sé, al menos eso de tu carácter siempre lo tuve claro.
Con toda esa pompa que te rodea, tanto delirio de superioridad fútil, digo fútil porque quizás no vea la necesidad que tienes de estar por sobre los otros intelectos, o al menos es lo que te motiva a portarte de tal manera.
Y eso que dentro de los parámetros normales de belleza estás en el promedio, desde mi punto de vista (no que eso sea de ayuda)
Lo cómico es que nunca me puse a analizarlo, es que mi casi nulo interés sexual para con vos jamás lo permitió.
Para mí siempre serás ese que me contaba sus sueños absurdos o el mismo con el que salía a recorrer los caminos de tierra en noches sin testigos, sin lunas, noches en las que nos gustaba oírnos mutuamente.
Ahora hay una especie de manto viscoso que nos separa, (ósmosis aborrecible)
Es como que de vos solo me restara esa cáscara, ese vos sin vos, no sé si fue el campo o algo en él que te dejó así.
 Fumas así colgado en ese paralelo donde no te alcanzo y tus ojos flotan en el infinito. No entiendo en que momento te perdiste en ese mundo de atrocidades, en donde solo consigues complacer a tu soberbia.
Pero no te  importa, o parece no hacerlo, el hecho de que a mí me duela verte, oírte…
Estar en el mismo recinto, juntos.


*Los pinos

Nunca había oído a los pinos silbar, quizás nunca estuve tan expuesto al aire libre o simplemente nunca me percaté de su presencia allí en lo alto.
Entrecierro un ojo y miro al cielo; las agujas marrón/verduzcas se entrechocan,
Cantan su melodía de viento.
Una vez me dijiste que los campos son solitarios cuando te sientes solo.
Ayer te traje aquí; la casa, el perro, el campo, todo te parece, ¿sabés?
A veces hay cosas en mi recuerdo que me confunden, como cuando dijiste que ya no me querías, ¿Por qué dirías algo así?
¿A quién acaso más que a mí podrías querer?
No quiero pensar en eso, los pinos silban y perfuman el mediodía frío del campo.
Siempre fuiste hermosa y siempre te amé, tus gestos, tu intelecto suspicaz.
 –Mi versión mejorada- te decía y reíamos.
Solo que… tuve que dejarte, apartarme de vos para no envolverte en esta trama horrorosa  que me fui tejiendo, que me fue asfixiando.
A vos te parece que estoy más snob, pero no es eso, nunca lo fue.
Pero no puedo, no debo exponerte a esto, esto que me está sacando de a poco la razón.
El campo es un lugar cruel para un hombre atormentado, prisionero de su propia mente.


 *No se vieron venir

-No me gusta verte llorar.
-No deberías haberme traído…el perro se impacienta cuando discutimos.
-¿Todavía crees que no me entiendes, verdad?
-No sé qué respuesta quieres, ya es tarde, está oscureciendo, deberíamos volver a la ciudad.

La ciudad ya no me contiene- susurró él, mientras entre las sombras de los muebles fue moviéndose lentamente, enredando la cuerda de nylon con sus manos temblorosas.