Nada podía
hacer en contra de aquel sentimiento asfixiante, lo sabía.
Sintió las
carnes entumecidas debajo de las nalgas-el río y sus duras rocas-pensó.
El olor del
tabaco le llegaba dulce. Mientras fumaba, esperaba, la ansiedad era un calamar enredado
en su garganta, entre toses secas y escupitajos maldecía su suerte aquella
mañana.
Siguió esperando.
Tiró la
cabeza hacia atrás, achicó los ojos, el sol de la ribera subía lentamente.
-Es temprano-
se dijo, quiso asegurarse, dobló el codo; 05:30.
Mientras más
lo pensaba, más descabellada le parecía su decisión,
¿Que podría
hacer para evitarlo? Era inútil, lo sabía.
La piel se
le erizó, respirando con dificultad se puso de pié,
Aseguró
haber vaciado los bolsillos, usó la mano derecha como visera,
Una lágrima
escuálida resbalaba por su mejilla.
(No echaría de menos nada, al menos
eso creía)
Miró a lo
lejos, pequeñas ondas circulares empezaban a formarse en el centro del río.
Una
sonrisa estampó su semblante.
-Es hora- se dijo, como aquel que entiende que el viaje empieza, acepta su
destino.
(Sabía que era él, reconoció su
cuerpo escamoso, brillante, tornasolado, el grito animalesco al tomarla en sus
brazos y llevarla al fondo)
2 comentarios:
Guau!. ¡qué tenebrosa historia!.
Oye, que me ha encantado.
Me quedo a tu lado que haremos buenas migas con este tipo de cuentos, jajajaja.
Un abrazo.
Hey!Gracias por el comentario^^
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